“La explosión del coche bomba se producía junto a la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Cartagena a las 2:15 de la madrugada. La Delegación del Gobierno ha informado que se trataba de un Talbot 250  con matrícula de Valencia, cargado con 80 kilos de amonal y abundante metralla”

Así arrancaba el informativo de TVE1 la mañana del 12 de Septiembre de 1990. Los medios de comunicación de todo el país se habían reunido en Cartagena para informar de la noticia del día:  un coche había estallado junto a la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Cartagena, causando múltiples heridos. El hecho se calificó como un atentado que según las fuentes del Ministerio de Interior había sido obra de la banda terrorista ETA.

Daños materiales en la Casa Cuartel

Los acontecimientos se produjeron de la siguiente forma: “Los terroristas aparcaron El coche bomba en la esquina de una bocacalle que está frente a uno de los muros del acuartelamiento con la parte de atrás dirigida al cuartel. Lo dejaron sobre las 22:40 o las 22:45, y a las 2:00 de la mañana hizo explosión. El sistema que utilizaron fue el siguiente: bloquearon el volante con una barra y dejaron la marcha atrás puesta sin el freno de mano. Después le sacaron los cables al motor de arranque que son conectados a una batería consistente en pilas modernas. Colocarón posiblemente dos temporizadores; el primero sirvió para poner el motor en marcha y el segundo, pocos segundos después, para activar la carga explosiva. El coche recorrió el trayecto desde el aparcamiento hasta el muro del cuartel, llegó a subir un pequeño bordillo y después hizo la explosión.” De esta manera contaba el Capitán de la Guardia Civil Antonio Tejero, hijo del Teniente que todos conocemos por el golpe fallido del 23-F, lo sucedido.

Coche empleado en el atentado

El propietario del vehículo fue encontrado en la localidad de La Unión maniatado, después de ser secuestrado por dos personas pertenecientes al comando ETA que fingieron ser policías. Desde Herri Batasuna, el diputado Jon Indígoras afirmó que se había tratado de un acto “lamentable que se podía haber evitado“, para después continuar con que el Gobierno Nacional había rechazado el diálogo con la banda armada.

Por su parte, el atentado no dejó víctimas mortales de casualidad, puesto que la familia que habitaba la vivienda más afectada se encontraba de vacaciones. No obstante, la explosión causó 17 heridos leves, diversos daños materiales, y una huella imborrable entre los que aquella noche vivieron los hechos de primera mano. La indignación se hizo aún más latente entre los agentes de la Guardia Civil, que vieron como el acto terrorista no se había ejecutado solo contra ellos, sino que buscaba atentar contra la vida de sus familias.

Aquel fue el primer atentado de ETA en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, y uno entre los muchos que se produjeron en toda España; y se seguirían produciendo hasta que la banda terrorista “entregó las armas” a principios de este año. Ahora el mundo vive una nueva ola de violencia de otros grupos radicales que buscan causar el terror, y atentan contra la vida de gente inocente como la pasada noche en Barcelona y Cambrils. Pero no nos engañemos: entre todos los gritos de dolor y odio se erigen otras voces de solidaridad, esperanza y resistencia, que se hacen cada vez más fuertes. No perdamos nuestra humanidad, y enorgullezcámonos de ella.

“Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices”, dijo Edward R. Murrow. No cedamos ante el miedo, unámonos todos juntos y digamos: ¡BASTA!.