Cartagena es uno de los municipios con mayor riqueza en Bienes de Interés Cultural de nuestro país. Autoridades, instituciones públicas y privadas, y los propios cartageneros de a pie elogiamos el alcance y la diversidad de nuestra historia y sus huellas materiales. Pero, ¿estamos cuidando nuestro patrimonio como se merece? A continuación explicaremos el por qué del mal estado de muchos de nuestros Bienes de Interés Cultural, y buscaremos responsables.

Pintada sobre el Depósito de agua del Monte Sacro

Estamos cansados de leer noticias sobre bienes destrozados, de pasear por calles rodeadas de estructuras centenarias que se caen a pedazos, y ver grafitis en nuestros monumentos. Nos hemos acostumbrado a que nuestro Patrimonio esté en las últimas y nos parece lo normal. ¿Quién es el responsable? Las administraciones publicas claro. Cada Comunidades Autónoma dispone de una legislación independiente en materia de patrimonio cultural, por lo que nuestro país presenta de primeras una cobertura legal desigual, donde no se contemplan las intervenciones de forma integral, ni se exige una metodología de intervención con unos criterios mínimos de calidad, ni se garantiza la conservación de los restos arqueológicos, ni tampoco se regula la exigencia de titulaciones a los técnicos implicados en los proyectos. Es la Comunidad Autónoma la que debe encargarse de asesorar, informar y proponer cuantas medidas se consideren necesarias para la protección, conservación e investigación de su patrimonio cultural. En la Región de Murcia la Dirección General de Bienes Culturales absorbe estas tareas, aunque con bastante parsimonia e ineficacia.

Abandono de la Batería de costa del Atalayón

Vamos a trabajar con datos. Cada Bien de Interés Cultural está compuesto por el propio Bien y su entorno, que vendría a ser el escenario donde se ubica el monumento y donde se ha producido una impronta de las relaciones humanas con el medio. Se trata de un espacio necesariamente vinculado al monumento y por tanto indisoluble o indisociable a este, que cuenta con un valor igual de importante. Todas las instituciones están obligadas a garantizar la conservación de los bienes culturales, con su entorno incluido. Se consigue de esta forma evitar cualquier intervención física o visual que pueda alterar consecuentemente las condiciones del bien, dañándolo o modificando su estado de preservación.

Molino de agua de Santa Barbara

Si accedemos al Portal de Urbanismo del Ayuntamiento de Cartagena podremos visualizar una lista que contempla todos los Bienes de Interés Cultural (BIC) de nuestro municipio, acompañados cada uno de su ficha técnica. Del mismo modo se señala los que cuentan con un entorno protección y los que no. Los datos son sorprendentes, pues de un total de 295 bienes recogidos, solo el 22% (65 bienes) se encuentran ubicados en un correcto entorno de protección. Ninguno de los castillos y fortalezas de la ciudad, a excepción del Castillo de la Concepción, las baterías de costas, y más de 100 molinos, entre otros bienes inmuebles, se encuentran protegidos en este aspecto. Se trata de un problema que se repite en otros municipios. Pongamos como ejemplo Alicante, donde de los 42 BIC con los que cuenta solo 5 tienen su entorno protegido. Nos hubiera gustado comparar estos datos con el municipio de Murcia, pero no ha sido posible ya que en su plataforma web no aparece tal información.

Relación de los Bic con entorno de protección y sin él.

En realidad tener un entorno de protección adecuado no garantiza la preservación de los Bienes, pero sí que es un mecanismo fundamental para evitar alteraciones en el mismo. No obstante, parece que las autoridades competentes no se sienten responsables de estos defectos legales, así como tampoco parece que les importe los desperfectos que puedan ocasionárseles.

Torre del Negro

Esta despreocupación se generaliza en cualquier aspecto que influya nuestro patrimonio, e impide que los organismos competentes funcionen como deberían: Que tenemos un monumento o un yacimiento arqueológico de interés que necesita de unos determinados mecanismos de protección, pues se presenta un expediente para catalogarlo como BIC que se pierde inexplicablemente entre el abismo de los trámites y queda absorbido en un bucle de tiempo sin retorno hasta que alguien diga de prestarle atención. Que tenemos un Bien que necesita de urgencia una intervención para asegurar su conservación, como La Casa del Niño o la Torre del Negro, pues nadie mueve un dedo y eso se queda así manteniéndose en pie por la gracia divina. Que se nos echan encima y tenemos que intervenir en BIC, como el Monasterio de San Ginés de la Jara, pues tardamos en dar los permisos para proseguir con la tradicional tardanza en estos procesos.

Monasterio de San Ginés de la Jara antes de su restauración

Se abandonan bienes como Villa Calamari en la Barriada San Félix; se dejan a su suerte docenas de molinos centenarios en todo el campo de Cartagena; se obvia la restauración de monumentos de un valor incalculable como la Catedral Vieja. Porque amigos míos, no nos engañemos: una cosa es no tener dinero, y otra no tener intención, ganas e interés. Y les aseguro que con un poco de interés, al menos, se intentaría asegurar que todos estos BIC contarán con un marco legislativo que los amparase en primer lugar, y un marco funcional que los proteja y los mantenga en un estado de conservación al menos aceptable.

Sabemos que el patrimonio es la huella de nuestra historia, que los bienes inmuebles son los mejores testigos de lo que fuimos. Pero no somos conscientes del valor que representan y de las posibilidades que ofrecen. Mientras busquemos convertir nuestro Faro de Cabo de Palos en un hotel, mientras sigamos vendiendo zonas arqueológicas a constructoras para hacer unas urbanizaciones muy monas, y mientras se apoye el turismo de sol y playa frente al turismo cultural, que ha demostrado ser un sector en crecimiento abismal, nuestro patrimonio no estará a salvo.

Deficiente estado de Villa Calamari